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Novela

Tierra y destino

Badajoz, Carisma Libros S.L. 2009.
Edición agotada.

“Tierra y destino” fue finalista en el premio de novela Ciudad de Badajoz y subvencionada para su publicación por la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura.

“Tierra y destino” es una novela singular. Escrita a cuatro manos entre Antonio Castro y Jesús Berrocal-Rangel.

El trabajo del escritor es solitario. Por esto no resulta común encontrar novelas escritas entre dos autores. Se precisa una gran coordinación, humildad y sacrificar ideas propias por el bien común de la obra.

Castro y Berrocal-Rangel, amigos desde hace años, han logrado crear una rigurosa ambientación histórica y un ritmo narrativo que va creciendo a medida que avanza la acción hasta llegar a un épico y sorprendente desenlace. Tierra y destino es una magnífica novela que no defraudará a los lectores.

Agotado

Sinopsis

España, 1833. Tras la muerte de Fernando VII los partidarios de la Regente María Cristina, madre de la futura reina Isabel II, se enfrentan a los seguidores del hermano del fallecido rey, el pretendiente al trono Carlos María Isidro de Borbón. El país se divide en dos fuerzas opuestas por las armas, por los intereses y por los ideales: isabelinos y carlistas. Esta primera guerra civil española asolaría  la nación durante siete años.

Aunque los personajes y hechos narrados en la novela son ficticios, muchos de ellos tienen base real, sobre todo la figura del coronel Jorge de Flinter, comandante de las tropas isabelinas en la frontera extremeño-manchega, encargado de liberar a la región del bandolerismo y de frenar los avances del ejército carlista.

“En 1810 el  teniente británico Arthur Flinter y el húsar francés Louis D’Armagnac cruzan sus sables por primera vez en los pinares de Cádiz, durante la Guerra de Independencia española. Desde entonces, un trágico acontecimiento marca sus destinos hasta reunirles en 1835 en plena Guerra Carlista. Los tiempos han cambiado mucho: Flinter es ahora un sobrio coronel fiel a la reina Isabel y D’Armagnac un mercenario del pretendiente al trono. El sentido del honor de los viejos soldados no admite réplicas. Ha llegado el momento de saldar cuentas. Pero las cosas no siempre son lo que parecen y puede que el destino tenga otros planes”.

Fragmentos de Tierra y destino

…Entonces sonó el primer disparo, y Flinter, parcialmente absorto por aquella sorprendente situación, se contempló como ajeno mirando al soldado que marchaba a su izquierda doblarse sobre sí mismo como engullido por la tierra.
Al segundo, se desató el infierno. Flinter se lanzó del caballo, buscando la protección de un montículo que le cubría con escasez. Vio al capitán Zamora llevarse la mano al hombro y oyó el eco de sus maldiciones. Algunos soldados permanecían en el suelo, pero el resto del escuadrón se dirigió hacia la casa en vertiginosa y zigzagueante carrera…

…Louis Francois D’Armagnac podía ser, y de hecho era, un soldado de fortuna, un tahúr y un sibarita sarcástico… pero además era un hombre valiente.
Por eso el francés también sabía que los diez hombres que le acompañarían al día siguiente no retrocederían ante el peligro. Ni una pulgada…

…-Ahora tienes que ser fuerte -dijo, arrodillándose junto a la joven-. Tendió los brazos y aguardó a que se aferrase a ellos. Cuando sintió el peso, la izó hasta la silla. Alicia lanzó un grito de dolor, pero logró sujetarse.
-Guíame hasta la orilla -pidió Ballester, tomando las riendas del caballo.
De repente, dos figuras se interpusieron en su camino.
-¡Cuidado! -previno Alicia.
Ballester desenvainó su espada y comenzó a soltar mandobles en el aire.
Los dos hombres sonrieron de forma siniestra y levantaron sus armas.
Los disparos sonaron a su espalda y los hombres se desplomaron como fardos. El teniente Rando y el soldado Osuna surgieron de las sombras con las pistolas humeantes.
Alicia quiso dar las gracias, pero un nuevo disparo la interrumpió. El soldado Osuna se llevó las manos al pecho y cayó de bruces contra el suelo.
-¡Corra! -gritó Rando- ¡Siga recto, el río está muy cerca!
Barrueco se aproximaba al frente de la cuadrilla. El teniente trataba de cargar aceleradamente sus pistolas. Afirmó las piernas y aguardó a los que llegaban.
El capitán dio varias veces con su cuerpo en tierra, pero ninguna de ellas soltó las riendas de su mano. Tendrían que haberle cortado el brazo para conseguirlo. Llevaba las rodillas y los codos desgarrados. Se había destrozado los labios en uno de los impactos contra el suelo y sintió la boca llenársele con el sabor con el sabor dulzón y pastoso de la sangre. Al dar un paso sintió el frío del agua inundándole las botas. Sin dudar, se adentró en el río hasta que dejó de hacer pie y se aferró al pomo de la silla.
-Te quiero -oyó que dijo Alicia antes de que la corriente les arrastrara…