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Cuento

Las aventuras de Umar, príncipe de Badajoz

Ayuntamiento de Morón de la Frontera, 2003.
Edición agotada.

Las aventuras de Umar, príncipe de Badajoz” es un cuento dirigido al mundo infantil. Ambientado en la época de mayor esplendor de la dinastía aftásida, el protagonista es UMAR, príncipe heredero. Un chico de once años curioso y atrevido al que le van sucediendo, por causa de sus travesuras, una serie de peripecias y aventuras deliciosamente entretenidas a la vez que educativas y ejemplarizantes, con la ciudad de Badajoz y sus personajes como entorno de las mismas.

Con la edición de “Umar…”, el Ayuntamiento de Badajoz inauguró la colección infantil, para distribuir los ejemplares entre los niños y niñas que visitaran la feria del libro, en este caso la XXII edición. De “Umar” se hizo una tirada de tres mil ejemplares.

Agotado

Fragmentos de Las aventuras de Umar, príncipe de Badajoz

Me llamo Umar. Tengo once años y soy príncipe. Alá es grande, sólo él sabe por qué me hizo príncipe. Mi madre, Ceila, dice que debo darle gracias todos los días, porque igual pudo hacerme pastor de cabras, mercader o tendero. Y no nos engañemos, ser príncipe tiene sus ventajas…

…Como os decía, soy el príncipe de una hermosa ciudad que se levanta sobre una loma a orillas del Guadiana, un ancho y fértil río. Os lo cuento, por si un día decidís visitar nuestro reino. Será un honor brindarles nuestra hospitalidad…

…Por ahora, lo que tengo claro es que soy un príncipe castigado por mi mal comportamiento. Recluido en mis aposentos, sin permiso para salir, excepto para orar en la mezquita y para recibir lecciones sobre el Corán, que es nuestro libro sagrado. Incluso las lecciones de equitación y esgrima me las ha prohibido mi padre. ¡Con lo que me gustan!…

…¡Que Alá me perdone y el gran profeta me ilumine! (que no sé muy bien qué quiere decir, pero lo repito porque mi padre lo exclama con frecuencia), pero el Corán me aburre soberanamente…

…La razón de mi actual castigo es bien distinta. Y aunque sé que el valiente al-Muzaffar, mi padre, tiene razón al haberme castigado, también es verdad que podría ser más benévolo conmigo y comprender que mi actuación estuvo llena de buenas intenciones.

Es cierto que el resultado fue muy distinto del que yo esperaba, pero también cuentan las intenciones, ¿no? Y mis intenciones fueron solucionar un problema, aunque lo conseguí fue un alboroto de mucho cuidado…