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Libro infantil

Aquella mañana

2001, Ayuntamiento de Morón de la Frontera, 2001
Primer Premio del IX Certamen del Libro Infantil «Ciudad de Morón»
Edición agotada.

“Aquella mañana” es un librito que contiene dos cuentos: “La bufanda de Kiko” y “Revolución en el abecedario”.

Va destinado a alumnos de Primaria (entre 6 y 12 años) y su objetivo principal es la incentivación de la solidaridad en los niños y niñas, a través de dos tramas sencillas y protagonistas tan humildes como los habitantes de un gallinero o las letras del abecedario. Haciendo un guiño al comienzo de los cuentos clásicos en lugar de Había una vez… comienzan con “Aquella mañana…”

Agotado

Fragmentos de “La bufanda de Kiko»

AQUELLA MAÑANA, Kiko, el gallo del corral del tío Roque, se levantó muy temprano, como era su costumbre.

El sol, que era muy perezoso, dormía tranquilamente detrás de una enorme montaña.

“Tendré que despertarlo -pensó Kiko-. ¡Hay que ver el haragán que está hecho. Si no fuera por mí no saldría de la cama ningún día”.

El gallinero estaba en completo silencio. El gallo Kiko se agarró con fuerza, para desperezarse, al palo donde pasaba la noche encaramado.

Al lado derecho roncaba Clotilde, una gallina vieja y gruñona. Al otro lado soñaba, con su cabecita debajo del ala, Rufina, una joven gallinita simpática y cariñosa a quien todos tenían mucho cariño.

“Verás que susto se lleva -dijo para sí el gallo Kiko-. Siempre pasa lo mismo”. Y al gallo Kiko, sólo con pensar el susto que se llevaba todos los días su amiga Rufina, le entraron unas ganas enormes de echarse a reír.

Respiró profundamente. Sus pulmones se llenaron con el aire frío de la madrugada. Alzó el cuello y lanzó su <<qui-qui-ri-quí>>

El gallo Kiko se llevó la sorpresa más grande de su vida. En lugar de su canto potente y claro, poderoso como el de una trompeta, salió de su garganta un ridículo y diminuto qui-quííí, que más bien semejó el canto de un grillo asmático…

Fragmentos de “Revolución en el abecedario»

AQUELLA MAÑANA, se armó un desbarajuste que no se conocía desde el tiempo de los fenicios.

Todo había comenzado, según dijo la pe, porque la ele había llamado gordinflona a la o, que se puso de todos los colores, como el arco iris, y no fue capaz de darle la contestación que se merecía.

La i, que andaba por allí cerca, intervino en defensa de su compañera y puso a la ele de patizamba…

… Las vocales, mientras tanto, habían tomado la determinación de no incorporarse al abecedario, y por tanto al servicio activo, hasta que la ele no depusiera su actitud y pidiera disculpas a la vituperada o…

… ¡Dejad que se marchen! No nos hacen ninguna falta -manifestó a grandes voces la be, que almacenaba una elevada dosis de envidia hacia la a, pues la relegaba continuamente al segundo puesto en todos los menesteres.

-Eso, que se vayan -corroboró la uve, amiga íntima de la be, con la que guardaba también un enorme parecido físico, lo que motivaba que muchos confundieran la una con la otra.

… Y las vocales se marcharon.

Así estaban las cosas aquella mañana, cuando los trabajadores de las letras: escritores, mecanógrafas, periodistas, profesoras, rotulistas… y todas aquellas personas que en su diario quehacer utilizaban como herramienta de trabajo el abecedario, se disponían a comenzar su cotidiana labor…